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Alvaro Díaz

Desde Yankee al reggaetón chileno: ¿ya superamos el clasismo en la música urbana?

Ayer fue la primera fecha de Daddy Yankee en Chile, que entre todas las polémicas tuvo que enfrentar un enemigo conocido y que hasta hace un par de años parecía superado: el clasismo. En un Chile al que pareciera todavía le incomoda el éxito de un género que nos está poniendo en los ojos del mundo


Fotografías por @frafractal y @franciscoaguilar.ph - Diseño por SONIDORADAR

La noche de ayer Martes 27 de Septiembre Daddy Yankee inicia su despedida de los escenarios en Chile y el mundo, con tickets agotados para un Estadio Nacional que esperó la llegada de Yankee desde varios días atrás.


Pero esta primera noche no estuvo exenta de polémicas, todo partió cuando se iniciaron avalanchas de gente que a pesar de no tener entrada quería ingresar al estadio a como dé lugar. Hubo peligrosas avalanchas, e inclusive a nosotros no nos corroboraron el ticket en puerta.


¿Pero esto es culpa del reggaetón y su público? casi al instante de iniciados los problemas en el estadio el discurso en la televisión chilena era claro. Responsabilizaban a la gente por iniciar estas avalanchas humanas. Ignorando en su mayoría que la gente responde a un ente organizador del concierto, que por lo bajo si comparte una responsabilidad en lo ocurrido.


¿Era tan complicado dejar entrar a la gente antes al estadio? Así nos evitamos grandes grupos de gente, el ecosistema perfecto para pasar sin entradas o que la gente siquiera se le ocurriera colarse en masa.


¿Por qué solo habían 3 accesos en cada punto de entrada al estadio? Es peligroso generar cuellos de botella en los accesos de un show tan masivo y se podía solucionar fácilmente pagando más funcionarios de acceso para habilitar las otras 7 puertas de cada acceso.


El reggaetón desde sus inicios partió como una expresión de la calle, casi como un ritmo necesario para expresar lo que ocurría en ellas, una necesidad de pasarlo bien que ni el eurodance, ni el rock suplieron en Latinoamérica en su totalidad.


Al llegar a Chile y al igual que el Axé, su masificación entró por la TV en programas de competencias juveniles. Prueba de eso era la cantidad de artistas que se presentaban en ellos, era donde había que estar para que creciera.


El discurso de los adultos en esos años siempre fue el mismo, creyendo que el reggaetón era música de delincuentes y narcos. Cuando ya era bailado casi por la mayoría de los jóvenes de todos los estratos sociales.


Hoy el panorama es distinto, el reggaetón ha aprovechado cada espacio de masificación que se le ha dado, y se consolidó como el género en el que Latinoamérica se expresa, sale al mundo y lo hace suyo.


Santiago es la capital del reggaetón, gracias a esos jóvenes dosmileros que hoy son adultos y esos nuevos adolescentes que crecieron viendo a sus primos y hermanos escuchar a Daddy Yankee o Wisin y Yandel hoy nuestro país se convirtió en el mayor consumidor del reggaetón e incluso creando nuestro propio movimiento.


El estigma hacia al reggaetón en los últimos 5 años se ha hecho cada vez menor, hoy es más fácil ver jóvenes que escuchan desde rock hasta reggaetón y los que se quedaron en ese resentimiento hacia el género se han ido desvaneciendo entre canciones que se mezclan con el pop.


Sin embargo, anoche las redes explotaron por los incidentes graves en el Estadio Nacional, volvió ese estigma del delincuente, esa costumbre de echarle la culpa a la gente en vez de a las autoridades.




Esta mañana en todos los matinales salió Alfredo Alonso productor de Bizarro Live en esa misma dinámica, diciendo que el evento no fue improvisado, que la culpa es de la gente irresponsable. Al consultarle por responsabilidades de organización escapa de las cámaras con un solo mensaje: "denuncien"


Hoy Chile ha revivido el clasismo, la criminalización de un género que nos está llevando a los ojos del mundo con jóvenes talentos, pero siempre es más fácil culpar a la gente, ponernos en contra, hacernos creer que somos nosotros los responsables de todo. Hoy el reggaetón es mucho más que eso.


La cuota de orgullo y felicidad se queda en un Polimá Westcoast que cerró una de las noches más importantes de su vida, casi como un premio a una trayectoria de esfuerzo, actitud propositiva y una demostración de como el reggaetón ha evolucionado y seguirá evolucionando para romper estigmas. La invitación a seguir ciegamente conquistando público, derribando las criticas chaqueteras de un país al que le incomoda el éxito.